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miércoles, 12 de noviembre de 2014

Sobre el Sínodo de la Familia

Transcribimos una materia del Prof. Roberto de Mattei – conceptuado historiador, profesor de Historia de la Iglesia y del Cristianismo en la Universidad Europea de Roma – al respecto del Sínodo sobre la Familia realizado en el Vaticano en octubre pasado.
 
La materia fue publicada en el sitio del autor – “Corrispondenza Romana” el 5 de noviembre pasado (2014).
 
Como es de conocimiento público, está habiendo numerosos comentarios, inclusive de altas autoridades eclesiásticas, apuntando que el Sínodo no resultó en un fortalecimiento de la familia
 
El concilio Vaticano I y el Sínodo de 2014
 
Roberto de Mattei
Corrispondenza Romana
5 de noviembro de 2014
 
La fase histórica que se abre después del Sínodo de 2014 exige de parte de los católicos no solamente la disponibilidad para la polémica y la lucha, sino también una actitud de prudente reflexión y estudio de los nuevos problemas que están sobre la mesa.
 
El primero de esos problemas es la relación de los fieles con una autoridad que parece estar faltando con su misión. El cardenal Burke, en una entrevista a Vida Nueva, el 30 de octubre, afirmó que “hay una fuerte sensación de que la Iglesia está como un barco sin timón”. La imagen es fuerte, pero corresponde perfectamente al cuadro general.
 
El camino a seguir en esta confusa situación no es por cierto el de sustituir al Papa y los obispos que están al frente de la Iglesia, en cuyo supremo timón permanece siempre Jesucristo. La Iglesia no es una asamblea democrática, sino una sociedad monárquica y jerárquica fundada divinamente sobre la institución del Papado, que representa la piedra insustituible. El sueño progresista de republicanizar la Iglesia y transformarla en un estado de colegialidad permanente, está destinado a chocar con la constitución Pastor Aeternus, del Concilio Vaticano I, que definió no sólo el dogma de la infalibilidad, sino sobre todo el poder pleno e inmediato del Papa sobre todos los obispos y toda la Iglesia.
 
En las discusiones del Concilio Vaticano I, la minoría contraria a la infalibilidad, haciendo eco a la tesis conciliarista y galicana, afirmaba que la autoridad del Papa no residía apenas en el Pontífice, sino en el Papa unido a los obispos. Un pequeño grupo de Padres conciliares pidió a Pio IX que declarase en el texto dogmático que el Pontífice era infalible por el testimonio de las Iglesias (“nixus testimonio Ecclesiarum”), pero el Para quiso retocar el esquema en sentido opuesto, haciendo agregar a la fórmula: “ideoque eiusmodi Romani Ponti-ficis definitionis esse ex se irreformabilis” el inciso “non autem ex consensu Ecclesiae” (estas definiciones del Romano Pontífice son, por lo tanto, irreformables per se y no por el consenso de la Iglesia) para dejar claro definitivamente que el consentimiento de la Iglesia no constituía en absoluto condición para la infalibilidad de las definiciones  ex cathedra.
 
El 18 de julio, en presencia de una inmensa multitud que llenaba la Basílica, el texto final de la Constitución Apostólica Pastor Aeternus, fue aprobado con 525 votos a favor y dos en contra. Cincuenta y cinco miembros de la oposición se abstuvieron. En seguida de la votación, Pio IX promulgó solemnemente la referida Constitución como regla de fe.
 
La Pastor Aeternus afirma que el primado del Papa consiste en un poder real y supremo de jurisdicción, independiente de cualquier otro poder, sobre todos los obispos y todo el rebaño de los fieles. Él tiene ese poder supremo no por delegación de todos los obispos o de toda la Iglesia, sino en virtud de un derecho divino. El fundamento de la soberanía papal no consiste en el carisma de la infalibilidad, sino en la primacía apostólica que el Papa tiene sobre la Iglesia universal como sucesor de Pedro, el Príncipe de los apóstoles.
 
La Constitución Pastor Aeternus afirma con claridad cuáles son las condiciones de la infalibilidad papal. Estas condiciones fueron ampliamente ilustradas, en su intervención del 11 de julio de 1870, por Don Vincent Gasser, obispo de Brixen y portavoz oficial de la defensa de la fe. En primer lugar, precisó don Gasser, el Papa no es infalible como persona privada, sino como “persona pública”. Y por “persona pública” se debe entender que el Papa está cumpliendo su oficio hablando ex cathedra como Doctor y Pastor universal; en segundo lugar, el Papa debe expresarse en materia de fe o de costumbres, res fidei vel morum. Por fin, él debe querer pronunciar una sentencia definitiva sobre la materia objeto de su intervención. La naturaleza del acto que empeña la infalibilidad del Papa debe ser expresada por la palabra “definir”, que tiene como correlativo la fórmula ex cathedra.
 
El Papa no es infalible cuando ejerce su poder de gobierno: las leyes disciplinarias de la Iglesia, diferentemente de las leyes divinas y naturales, pueden de hecho mudar. Pero es de fe divina y, por lo tanto, asegurada por el carisma de la infalibilidad, la constitución monárquica de la Iglesia, que confiere al Romano Pontífice la plenitud de la autoridad. Esta jurisdicción comprende, además del poder de gobierno, el de Magisterio.
 
La infalibilidad del Papa no significa de ninguna manera que él goza, en materia de gobierno y de enseñanza, de un poder ilimitado y arbitrario. El dogma de la infalibilidad, mientras define un supremo privilegio, fija límites precisos, admitiendo la posibilidad dela infidelidad, del error, de la traición. En las oraciones por el Sumo Pontífice no habría entonces necesidad de rezar “ut non tradat in animam inimicorum eius”. Si fuese imposible que el Papa pasase al campo enemigo, no ocurriría el rezar para que eso no suceda. Pero la traición de Pedro es el paradigma de una posible infidelidad que se cierne desde entonces sobre todos los Papas de la Historia hasta el fin del mundo.
 
A pesar de ser la más alta autoridad en la Tierra, el Papa está suspendido entre las cumbres de una fidelidad heroica a su mandato y el abismo siempre presente de la apostasía. Éstos son los problemas que el Concilio Vaticano I habría enfrentado si no hubiese sido suspendido el 20 de octubre de 1870, un mes después de la entrada del ejército italiano en Roma. Son éstas las cuestiones que los católicos ligados a la Tradición deben hoy estudiar y profundizar. Sin negar de ningún modo la infalibilidad del Papa y su suprema autoridad de gobierno, ¿es posible y de qué manera resistirle, si él falla en su misión, que es la de asegurar la transmisión inalterada del depósito de la fe y de la moral dada por Jesucristo a la Iglesia?
 
Éste no fue, desgraciadamente, el camino seguido por el Concilio Vaticano II, que también se propuso continuar, y de algún modo integrar, el Vaticano I. La tesis de la minoría contraria a la infalibilidad, derrotada por Pio IX, resurgió en el aula del Vaticano II bajo la nueva forma del principio de la colegialidad. Según algunos miembros de la Nouvelle Théologie, como el Padre Ives Congar, la minoría de 1870 obtuvo, casi un siglo después, una estruendosa revancha. Si el Vaticano I había concebido al Papa como el vértice de una perfecta societas, jerárquica y visible, el Vaticano II y, sobre todo, las providencias postconciliares, redistribuyeron el poder en sentido horizontal, atribuyéndolo a las Conferencias Episcopales y a las estructuras sinodales.
 
Hoy el poder de la Iglesia parece haber sido transferido para al “pueblo de Dios”, que comprende a las diócesis, las comunidades de base, las parroquias, los movimientos y asociaciones de fieles. La infalibilidad y la suprema jurisdicción, substraídas a la autoridad papal, son atribuidas a la base católica, cuyas exigencias los Pastores de la Iglesia deben limitarse a interpretar y expresar. El Sínodo de los Obispos de octubre puso en evidencia los resultados catastróficos de esta nueva eclesiología, que pretende basarse en una “voluntad general” expresada a través de pesquisas y cuestionarios de todos los tipos. ¿Pero cuál es hoy la voluntad del Papa, al cual compete por mandato divino la misión de preservar la ley natural y divina?
 
Lo cierto es que en tiempos de crisis como la que atravesamos, todos los bautizados tienen el derecho de defender su fe, aun oponiéndose a los pastores morosos. A los Pastores y teólogos auténticamente ortodoxos incumbe a su vez la tarea de estudiar la extensión y los límites de este derecho de resistencia.
 
Para ver la materia completa clique aquí
 
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viernes, 31 de octubre de 2014

2 de noviembre – Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos

Lección de profundidad,
fuerza de alma, coraje y grandeza
 
El día de Todos los Fieles Difuntos rezamos por todas las almas que murieron y que por ventura están en el Purgatorio. Pero también es el día en que la Iglesia – con aquel tacto que le es propio y que es algo de absolutamente inconfundible – nos recuerda la realidad de la muerte.
 
De cuando en cuando debemos meditar sobre la muerte, para comprender lo que hay de profundamente real en aquella advertencia que el sacerdote hace el Miércoles de Ceniza: “Acuérdate, hombre, que eres polvo y que en polvo te convertirás”. No somos otra cosa sino polvo, y volveremos a ser polvo.
 
Y eso nos hace dar una dimensión exacta a todas las cosas de esta vida. Todos podemos movernos por deseos tan variados. Pero, ¿qué son esos deseos cuando uno calcula lo que uno es? ¡Es algo tremendo!
 
Uno puede sentirse bien y de repente se forma en algún lugar del cuerpo un coágulo cuyo resultado puede ser la muerte. Y eso puede pasar a cualquiera, en cualquier momento.
 
¿No es buena esa meditación para airear muchos ardores, para crear muchos desapegos, para humillar mucho orgullo y para hacer comprender que podemos estar de un momento a otro ante el juicio de Dios vivo? ¡De un momento a otro! Porque, ¿quién sabe si va a volver a casa hoy? ¿Quién sabe si de aquí a una hora estará siendo juzgado por Dios? ¿Y que no estará siendo quemado por las llamas del Purgatorio?
 
Ahora, sin esas incertidumbres la vida no tiene grandeza ninguna. Nada es bello, nada en la vida es atrayente, a no ser con una mortaja de fondo. Porque es sólo por el contraste que el hombre conoce las cosas de esta vida. Y es sólo por el contraste con esa miseria fundamental que uno comprende cómo todo cuanto queremos aquí es poco, y la grandeza de otro destino que nos espera.
 
La civilización moderna tiene pavor del luto.
 
¡Cuánta gente dice: “Eso es pura formalidad, no me gusta eso!.” No es verdad. Tienes miedo de la muerte y tienes un tal pánico que tienes miedo hasta del color negro. En el fondo, tienes miedo de morir, y por eso no quieres el luto.
 
Debemos encarar la muerte con serenidad, con grandeza, inclusive en lo que tiene de aflictivo, de tremendo.
 
Hay una miseria grandiosa en la muerte, en que uno podría decir lo siguiente: el ser inteligente, capaz de morir, capaz de pasar por tan gran catástrofe, tiene una tal capacidad de grandeza que ciertamente otra vida y otro destino lo espera. Y en eso entonces comprender bien toda nuestra grandeza.
 
Todo eso a propósito del día de los muertos, Es la lección que los muertos nos dan y que la muerte nos da. Es una lección de profundidad, una lección de fuerza de alma, una lección de coraje, una lección de grandeza, que es incomparable.
 
Vamos a rezar por los muertos. Que las oraciones de hoy sean para las almas del Purgatorio que estén más abandonadas y por las cuales nadie reza. Pero con una condición: que ellas nos obtengan la comprensión, el amor y el entusiasmo por todas las sombras con que la muerte enriquece la estética del Universo y los panoramas verdaderos de la vida humana.
 
Plinio Corrêa de Oliveira (adaptación)
 
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miércoles, 29 de octubre de 2014

¿Quién aún es católico en la Iglesia Católica?

Plinio Corrêa de Oliveira
(Artículo publicado en el diario “Jornal do Brasil” el 5 de enero de 1975)
(Los negritos son de este blog)
 
En una sala junto a la Iglesia de la Piedad, en Salvador [Brasil], religiosos capuchinos permitieron que se instalase una boutique en la cual se venden objetos unisex, entre los cuales biquinis.
 
Como bien se puede imaginar, la iniciativa causó escándalo a muchos frecuentadores del templo.
 
Fray Benjamín Capelli explicó que el alquiler de la tienda garantirá mayor disponibilidad de renta para las obras asistenciales de la parroquia.
 
Dándose cuenta tal vez de la inconsistencia de la alegación – pues la inmoralidad del medio no se justifica por la licitud del fin – Fray Bruno Rossi adujo otro argumento: “Sólo lamento – dijo él – que algunos de nuestros hermanos, ciertamente firmes y radicados en la fe, se escandalicen con tanta facilidad y alimenten preconceptos tan pueriles. Es interesante y sintomático que frailes tradicionalmente austeros como loe capuchinos no hayan percibido la inconveniencia de la cuestión. ¿Será que no llegó la hora de derrumbar falsos preconceptos?”.
 
Esos datos son extraídos de una noticia del “Jornal do Brasil”, del 5 de diciembre pasado.
 
* * *
 
Que yo sepa, la información no tuvo desmentido. Me sentiré muy alegre si alguien me escribe que el hecho noticiado no es verídico. Me comprometo desde ya a hacer saber el desmentido a los lectores.
 
Dudo, entretanto, que sea dado. Y así voy adelantando mi comentario.
 
Cuando, hace unos meses, publiqué una noticia de un convento de religiosas de España que fabricaba biquinis, causé entre los lectores explicable sensación. Y aunque nadie osase desmentir tan insólita noticia, no faltó que la juzgase dudosa; tanto escándalo no podía ser.
 
Ahora, caso análogo estalla en Salvador. Pues no hay tanta diferencia entre fabricar biquinis y venderlos.
 
Sin embargo, ni del caso español, ni del de Bahía, la inmensa mayoría de las personas saca las conclusiones debidas.
 
Una de estas, entretanto, salta a los ojos. Si desde su fundación hasta nuestros días la Iglesia consideró con horror el nudismo – del cual el biquini es una de las manifestaciones más agresivas – y si, en nuestros días, entidades eclesiásticas fabrican y venden biquini, una de dos:
 
1) o la Moral católica cambió totalmente, y entonces la Iglesia no es infalible ni divina;
 
2) o esas entidades eclesiásticas – al afirmar, implícita pero ostensivamente, la legitimidad del biquini – adulteran la enseñanza de la Iglesia, y por sí mismas se excluyen de ésta.
 
Ahora, como la primera hipótesis es completamente inaceptable, la segunda se impone.
 
* * *
 
No tengamos miedo de ver la verdad de frente. Este tema – del nudismo – levanta una pregunta que va mucho más allá del caso de los dos conventos “biquinistas”.
 
Es absolutamente imposible que el uso del biquini y de otras formas de franca agresión sexual se haya generalizado tanto, sin que haya muchos directores espirituales que concedan la absolución a personas que, por su modo de vestirse, no podrían recibirla. A ellos también la pregunta debe ser hecha. – Si creen que la Moral de la Iglesia cambió, ¿cómo aún se dicen católicos? Y si permiten a sus penitentes femeninas que usen biquini, ¿con qué derecho se presentan como sacerdotes católicos?
 
* * *
 
Obviamente, la pregunta va aún más lejos. De las personas del sexo femenino que participan de la agresión sexual, innúmeras aprendieron, en el Catecismo, que la Moral católica no cambia.
 
– Si ellas consideran que cambió, ¿cómo pueden admitir la infalibilidad y la divinidad de la Iglesia?
 
– Y si consideran que no cambió, ¿cómo quieren ser tomadas como católicas?
 
* * *
 
Pero – dirá alguien – usar biquini es pecado contra el 6º o el 9º Mandamiento, conforme el caso, Con todo, una persona no peca contra la Fe por violar uno de esos Mandamientos. Luego, mi argumentación no tiene base.
 
Evidentemente, no digo que quien fabrica o vende biquinis, o los usa, peca contra la Fe. Pero quien afirma, implícita o explícitamente, que la Moral de la Iglesia cambió, éste sí, peca contra la Fe.
 
* * *
 
Y de ahí una pregunta que, también a propósito de la conducta frente al comunismo y de diversos otros asuntos, puede ser hecha: ¿quién todavía es católico apostólico romano dentro de ese inmenso magma de 600 millones de personas – cardenales, obispos, sacerdotes, religiosos y laicos – habitualmente tenidos como miembros de la única e imperecedera Iglesia de Dios?

 
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domingo, 12 de octubre de 2014

IGLESIA – Jóvenes defienden la catedral de Campinas en Brasil

Para evitar lo que sucedió en París, con la profanación de la Catedral de Notre Dame (invadida por feministas radicales), jóvenes católicos que actúan contra la práctica del aborto en Brasil, defendieron la Catedral de Campinas.
 
En la plaza de la Catedral – tomada por partidarios del Partido de los Trabajadores, PT, (equivalente al Frente Amplio de Uruguay), y feministas a favor del aborto, se daba lo que ellas mismas laman “Marcha de las Vagabundas por la Descriminalización del Aborto”.
 
Pero la Catedral fue preservada por un grupo de “valientes soldados de Cristo”, como relata en entrevista a la agencia Zenit uno de los organizadores de la defensa.
 
El Profesor Hermes Nery relata. Fuimos avisados el viernes de noche, de que habría una Marcha de las Vagabundas por la Descriminalización del Aborto, a las 9 de la mañana del día siguiente, delante de la Catedral de Campinas. A ejemplo de lo que ha sucedido en otros países, ellas podrían inclusive invadir la Catedral para actos blasfemos.
 
Resolvimos ir para evitar que ellas entrasen. Vimos la necesidad de una movilización de último momento y la urgencia de defender el templo, que ya fue albo de las feministas, pues durante la Jornada Mundial de la Juventud hicieron actos sacrílegos.
 
Nuestra intención, por lo tanto, fue defender la iglesia de algún ataque de ese tipo.
 
Conseguimos juntar un pequeño grupo de jóvenes católicos y pro-vidas dispuestos a ir. El Canónigo Álvaro fue también firme en esa iniciativa de defender el templo de alguna profanación. Cerró la puerta principal de la Catedral y dejó una puerta lateral abierta para entrada de los fieles, cuyo flujo siempre es mayor un sábado de mañana.
 
Permanecimos ahí de centinela, mientras otro pequeño grupo estaba en la plaza para detectar algún movimiento y avisar en seguida. El propio Canónigo circuló por la plaza. Nos quedamos ahí todo el tiempo, de modo que de esa forma la Catedral fue defendida.
 
Precisamos de una militancia católica que no tenga miedo de asumir públicamente la identidad católica. No podemos amedrentarnos ante un laicismo agresivo y provocador. Gracias a la presencia de esos jóvenes que estuvieron ahí, fue posible evitar que el templo fuese profanado, afirmando así la necesidad que tenemos, sí, de defender nuestros principios y valores, y también nuestros espacios de culto. Como bautizados, somos llamados a hacer esa defensa, afirmó el Prof. Hermes.
 
Para ver la noticia completa clique en los números (1) (2)
 
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viernes, 10 de octubre de 2014

ESPLÉNDIDA VICTORIA – Suspenden en Argentina muestra de barbies vestidas de Virgen María

Los artistas plásticos argentinos Marianella Perelli y Emiliano Paolini dejaron sin efecto una polémica muestra en la que disfrazaron muñecas barbies de Virgen María.
 
Habían denominado a su muestra "ThePlasticReligion" (La religión de plástico) debido a que en ella iban a exhibir las estilizadas muñecas vestidas de santos y figuras religiosas.
 
Evidentemente hubo protestas, advertencia de demandas y supuestas amenazas que los llevaron a suspender su participación en la muestra "Santos y pecadores", publicó la agencia DPA.
 
"Hemos suspendido porque no hemos querido ofender", declararon los artistas en su página en la red social Facebook. "Nunca quisimos herir la sensibilidad de las personas de fe".
 
Pero recibieron todo tipo de mensajes en Facebook y hasta tuvieron además que aclarar que no habían realizado ninguna figura referida a Mahoma, y que no perseguían ninguna posición antirreligiosa. La polémica llegó incluso hasta medios digitales de Turquía.
 
Para ver la noticia completa clique aquí.
 
Comentarios de este blog:
 
Los tales “artistas” dicen “no hemos querido ofender”. Parecería que se refieren a quienes legítimamente reclamaron. Pero es necesario decir, en primer lugar, que la ofensa principal es a Dios, a la Santísima Virgen, a la Iglesia. ¡Aún cuando hicieran las torpes ofensas dentro de sus propias casas, las ofensas quedan hechas, sean o no en público, por más que en público la gravedad sea mayor!
 
Además, ¿qué significa tener que aclarar que no se refirieron a Mahoma? ¿Se puede ofender a Dios y a la Iglesia y no es permitido referirse a Mahoma? ¿Qué es eso?
 
Desde este blog nos unimos a quienes manifestaron las protestas que acabaron impidiendo la muestra. Las protestas constituyeron actos de amor a Dios y a su Santísima Madre.
 
Conviene también subrayar cómo son efectivos los actos realizados para defender y proclamar la gloria de Dios y la Virgen. Debemos practicarlos siempre que sean necesarios.
 
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jueves, 2 de octubre de 2014

El ideal Cristiano de perfección social

Plinio Corrêa de Oliveira
(Trecho de “La Cruzada del Siglo XX”)
 
Si admitiéramos que en determinada población la generalidad de los individuos practica la Ley de Dios, ¿qué efecto se puede esperar de ahí para la sociedad? Eso equivale a preguntar: si en un reloj cada pieza trabaja según su naturaleza y su fin, ¿qué efecto se puede esperar de ahí para el reloj? O, si cada parte de un todo es perfecta, ¿qué se debe decir del todo?
 
Siempre existe un cierto riesgo en utilizar en asuntos humanos analogías mecánicas. Atengámonos a la imagen de una sociedad en que todos sus miembros fuesen buenos católicos, trazada por San Agustín. Imaginemos “un ejército constituido por soldados, como los forma la doctrina de Jesucristo; gobernadores, maridos, esposas, padres, hijos, maestros, siervos, reyes, jueces, contribuyentes, cobradores de impuestos, como los quiere la doctrina cristiana. ¡Y osen aún [los paganos] decir que esa doctrina es opuesta a los intereses del Estado! Por el contrario, les cabe reconocer sin vacilación que ella es una gran salvaguarda para el Estado, cuando fielmente observada”.
 
Papel de la Iglesia
 
Y en otra obra el Santo Doctor, loando a la Iglesia Católica exclama: “Conduces e instruyes a los niños con ternura, a los jóvenes con vigor, a los ancianos con calma, como comporta la edad, no sólo del cuerpo sino del alma. Sometes las esposas a sus maridos, por una casta y fiel obediencia, no para saciar la pasión, sino para propagar la especie y constituir la sociedad doméstica. Confieres autoridad a los maridos sobre las esposas, no para que abusen de la fragilidad de su sexo, sino para que sigan las leyes de un sincero amor. Subordinas los hijos a los padres por una tierna autoridad.
 
“Unes no sólo en sociedad, sino también en una como fraternidad los ciudadanos a los ciudadanos, las naciones a las naciones, y a los hombres entre sí, por la memoria de sus primeros padres. Enseñas a los reyes a velar por los pueblos, y prescribes a los pueblos que obedezcan a los reyes. Enseñas con solicitud a quién se debe la honra, a quién el afecto, a quién el respeto, a quién el temor, a quién el consuelo, a quién la advertencia, a quién el ánimo, a quién la corrección, a quién la reprimenda, a quién el castigo; y haces saber de qué modo, si ni todas las cosas a todos se deben, a todos se debe caridad y a ninguno la injusticia”.
 
Sería imposible describir mejor el ideal de una sociedad enteramente cristiana. ¿Podrían en una sociedad el orden, la paz, la armonía, la perfección, ser llevadas a un límite más alto? Bástenos una rápida observación para completar el asunto. Si hoy en día, todos los hombres practicasen la Ley de Dios, ¿no se resolverían rápidamente todos los problemas políticos, económicos, sociales, que nos atormentan? ¿Y qué solución se podrá esperar para ellos mientras los hombres vivieren en la inobservancia habitual de la Ley de Dios?
(Subrayados nuestros)
 
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