lunes, 16 de julio de 2012

Familia Patriarcal y familia nuclear
Chardin, La Gouvernante

Una sociedad es un tejido de almas, con interacciones mutuas, del todo sobre cada una y de cada una sobre el todo.
Cada hombre trae dentro de sí varias heredita-riedades. Somos la resultante biológica de un sinnúmero de corrientes de vida que vinieron a tener en nosotros su punto de encuentro.
Así como en una laguna existen aguas de diversos ríos que en ella desembocan, así existen en nosotros esas hereditariedades.


Somos recipientes en los que se funden varias corrientes del pasado
 Los historiadores concuerdan al afirmar la existencia de obras que necesitan ser llevadas a cabo por varias generaciones: la fundación de ciertos países, el desarrollo de cierta política, la creación de ciertas fuentes de prosperidad. La institución de derecho natural que asegura la realización de la obra histórica a través de las generaciones es la familia.
La naturaleza del hombre lo lleva a establecer nexos más directos con ciertas cosas, y relaciones más próximas con ciertas personas. Ser propietario, tener familia, son situaciones que le dan una justa sensación de plenitud, de personalidad. Vivir como átomo aislado, sin familia ni bienes, entre una multitud de personas extrañas, le da una sensación de vacío, de anonimato y aislamiento, que es para él profundamente antinatural.

La reforma social más urgente
 Social… sociedad. ¿Habrá algo más santo y augustamente social que velar por la familia? Pues, ¿no es ésta la base de la sociedad?
Tanto se habla de reformas de base. ¿Quién entre los “arditi” del reformismo habla seriamente de reformar, de restaurar la base, esto es, la familia?
¿Qué espíritu social es éste, que no tiene ojos para ver la crisis de la familia y la insuficiencia de las medidas destinadas a reformar una sociedad en que la base está minada?

¿Pero qué es la familia en la fuerza del término?
 Familia para mí es equivalente a familia en su normalidad. Y por lo tanto familia patriarcal.
Por patriarcal debe entenderse no la pequeña familia nuclear -padre, madre e hijos- sino una familia numerosa, con muchos hijos. Y, además de eso, relacionada con un número muy grande de parientes de varios grados, de varios lados, que frecuentan la casa y la ponen en movimiento.
Con la familia patriarcal se constituye un todo con tres distancias.
La primera distancia es mi casa, enteramente afín conmigo.
Otra, son las casas de mi familia más apartada, algo parecida y algo diferente.
Una tercera distancia es la calle, punto de encuentro fortuito y casual de todas las semejanzas y de todas las diferencias.
Si estoy apoyado por estas tres distancias, si puedo expandirme en estas tres dimensiones, cuando llego a la calle tengo detrás de mí y a mi lado toda mi parentela que se presenta en los lugares públicos, en los lugares de diversión, pensando como yo, sintiendo como yo, imponiéndose.
Enfrento la popularidad o la impopularidad, porque tengo un cuadro en que apoyarme, tengo elementos para expandir mi personalidad.
Cuán diferente es la situación de la familia minúscula -padre, madre e hijos- viviendo una vida dentro del hogar que, por ser constituido por pocas personas, tiene poca variedad y que, por eso, se torna monótona.
Siendo así, se tiende a huir, y se huye, yendo hacia la calle o trayendo la calle dentro de la casa, bajo el aspecto de dos o tres televisores en varias salas, para intentar olvidar que se está dentro de casa y tener la sensación de que se está en la calle.
Pero en la calle la persona se siente aislada. El niño llega al colegio aislado. El joven o la joven entran en la sociedad aislados.
No tienen apoyo en nadie.
Tienen un modo de ser, fabricado por la propaganda “ab extrínseco” y que es impuesto.
Si no quisieren adherir, se monta contra ellos la persecución del ridículo y del ostracismo.
Resultado: inseguridad interior, titubeo, duda, aislamiento, capitulación.
Al cabo de diez o veinte años de ese fenómeno, si la persona no tuviere una personalidad más o menos definida, esta habrá sido destruida.
No sabe ser amigo quien no sabe ser primo. Y no sabe ser primo quien no sabe ser hermano.
La familia nuclear y sus insuficiencias
Considero la expresión familia nuclear bien acertada, porque no es la familia-célula, sino que es una célula reducida a su núcleo, con todo lo que hay de irregular en que el núcleo viva sin su protoplasma. Es un exilio para el núcleo -si no fuere directamente la muerte- el hecho de estar privado del protoplasma.
La imaginación de las personas actualmente sólo alcanza la familia nuclear. No se sabe ya lo que fue la familia “árbol-frondoso”.
Los psicólogos, en la comparación entre la familia nuclear y la familia patriarcal, llaman la atención sobre la importancia y la necesidad del grupo de parientes -primos, tíos, etc.- como factor de armonía en las relaciones de los hijos con los padres.
En la familia nuclear hay una confrontación directa entre los hijos y los padres, en aquel espacio delimitado que es el hogar; en la familia patriarcal, la confrontación se diluye entre los parientes, y el hijo puede recurrir a un tío, a un primo, a una tía, etc.
Es normal que el marido y la mujer tengan dificultades en el trato mutuo muy grandes. El modo de amortiguar estas dificultades es que estén envueltos por un ambiente de familia muy homogéneo, dentro del cual encuentren varios puntos comunes, engendrando afinidades que reducen la fricción proveniente de la diferencia de temperamentos y de caracteres individuales.
Extractos del pensamiento de Plinio Corrêa de Oliveira
Recopilados por Leo Danielle in “O Universo é uma Catedral”
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