miércoles, 19 de marzo de 2014

19 de marzo – San José, Protector de la Iglesia Católica

Hay varias invocaciones de San José que podríamos considerar. Creo que, de esas invocaciones, después de las que se refieren directamente a nuestro Señor Jesucristo, ninguna es más bella que "Protector de la Iglesia Católica".
 
Protector de algo es, de algún modo, un símbolo de aquello que se protege. Consideren, por ejemplo, alguien que es guardia de la reina [de Inglaterra, Elizabeth II]. Éste, de alguna manera, toma en sí algo de la realeza de la reina; ¡es una honra ser guardia de la reina! Se eligen para ser guardias de la reina a los individuos más capaces, los que tuvieron más coraje, los que en las guerras demostraron mayor dedicación a la corona inglesa. Estos son los invitados a ser los guardias de la reina.
 
Si es un honor ser guardia de la reina, si es un honra ser guardia del Papa, entonces qué honra es ser guardia de la Santa Iglesia Católica!
 
Exceptuando a la Santísima Virgen, que es Madre de la Iglesia, nadie se puede comparar a la Iglesia Católica. Ningún ángel, o todos los santos considerados cada uno separadamente tienen la dignidad de la Iglesia Católica. Porque la Iglesia envuelve a todos los santos y Ella es la fuente de la santidad de esos santos y, por lo tanto, un santo nunca puede tener la dignidad igual a la de la Iglesia Católica.
 
La envergadura moral del esposo de la Virgen María y Padre adoptivo del Niño Jesús…
 
¡Imaginen, por lo tanto, lo qué es el santo que es Patrono de la Iglesia Católica! ¡Tiene que ser algo tan alto, tan excelso que, por así decir, tiene que ser el reflejo de la Iglesia que él guarda! Para ser proporcionado a Ella, tiene que tener el reflejo de la Iglesia que guarda.
 
Podemos considerar que la envergadura espiritual de San José – en cuanto  co-idéntico con el espíritu de la Iglesia Católica, en cuanto siendo ejemplar prototípico y magnífico de la mentalidad, de las doctrinas, del espíritu de la Iglesia Católica – sólo se puede medir por este criterio: ¡es el hecho de él ser Esposo de la Virgen y proporcionado, por lo tanto, a la Virgen; ser el Padre adoptivo del Niño Jesús y, por lo tanto, proporcionado al Niño Jesús!
 
¡Si queremos tener una idea del alma de San José, del espíritu de San José, sería preciso imaginarlo todo lo que uno piensa de la Iglesia Católica, toda la grandeza de la Iglesia, toda la simplicidad de la Iglesia, toda la dignidad de la Iglesia, toda la afabilidad de la Iglesia, toda la sabiduría de la Iglesia, toda la inmensidad de la Iglesia, todo cuanto se pudiese decir de la Iglesia Católica e imaginar eso realizado en un hombre! ¡Y entonces tendríamos la fisonomía moral de San José!
 
Debemos imaginar, por lo menos, el perfil moral de este Santo: la castidad de San José, su pureza intacta. Y debemos aproximarnos a él con respeto, con veneración y pedirle que nos conceda aquello que tanto deseamos recibir.
 
¿Qué pedir a San José en su fiesta?
 
Cada uno que se pregunte a sí mismo – en un examen de consciencia de un minuto – cuál es la gracia que quiere pedir a San José en esta ocasión de la fiesta de hoy. La primera de las gracias a pedir sería la de la devoción a la Santísima Virgen; otra, la gracia de reflejar tan bien el espíritu de la Iglesia Católica cuanto esté en los designios de la Providencia al habernos creado y al habernos conferido el santo Bautismo; podemos pedir la pureza, la modestia… podemos pedir todo. Podemos elegir cada una de esas cosas o pedir todas estas cosas en su conjunto.
 
A veces es bueno uno pedir una sola cosa, si la gracia nos lleva a pedir sólo una cosa. A veces, es bueno pedir todo, porque hay momentos en que la gracia nos lleva a ser audaces y pedir muchas cosas al mismo tiempo.
 
Entonces, en la fiesta de San José, de acuerdo con el movimiento de la gracia interior en cada uno de nosotros, debemos pedir algo a él. Y si no sabemos muy bien qué pedirle a San José, decirle: "Mi buen San José, dadme Vos lo que preciso… ya que ni siquiera sé lo que me conviene” Creo que, en lo más alto de los Cielos, él sonreirá y dará, con bondad, alguna gracia muy bien escogida.
 
Plinio Corrêa de Oliveira

La ilustración muestra la imagen de San José el Parlero. Santa Teresa de Jesús llevaba consigo en todas sus fundaciones una imagen de San José, que recibía el título de “San José del Patrocinio”. Cuando el P. Pedro Fernández la nombró Priora del convento de la Encarnación, en 1571, y ella supo de la terrible negativa de la mayoría de las monjas para recibirla, llevó consigo esta imagen, y el día de la toma de posesión, al mismo tiempo en que colocaba la imagen de la Virgen en la silla prioral, puso la de San José en la silla sub-prioral. Esa imagen le hablaría después todo lo que las monjas hacían, y por eso se le llamó el Parlero. De tanto hablar, quedó con la boca abierta milagrosamente.
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